Todas las entradas de: Padre Carlos Miguel Buela, IVE

Fundador de la familia religiosa del Verbo encarnado El padre Carlos Miguel Buela, I.V.E., es sacerdote desde el 7 de octubre de 1971. Desde el comienzo de su sacerdocio se avocó con ahínco a la pastoral juvenil, con la convicción de que la Iglesia se ocupa de los jóvenes “no por táctica sino por vocación”. Ha fundado el “Instituto del Verbo Encarnado” y el Instituto “Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará”, rama femenina de la Familia religiosa “del Verbo Encarnado”. Ambos institutos cuentan con rama contemplativa y activa y a 30 años de fundación tienen más de 1500 miembros misionando en los cinco continentes. Su carisma es la prolongación de la Encarnación del Verbo en todas las manifestaciones del hombre y su fin específico la evangelización de la cultura. Entre sus libros encontramos Jóvenes hacia el tercer milenio, libro que ya lleva la quinta edición y fue premiado en la Feria Internacional del Libro como «mejor libro sobre Religión y Espiritualidad».También es autor del Catecismo de los jóvenes, Modernos ataques contra la familia, María de Luján. El misterio de la Mujer que espera; Fátima. Y el sol bailó; Sacerdotes para Siempre, Nuestra Misa, Pan de vida eterna y Cáliz de eterna salvación, Juan Pablo Magno y de numerosos artículos publicados en diversas revistas. Incansable predicador y gran propulsor de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

Circular de viaje 10: Historia rusa IV: “Desde la independencia a nuestros días”.

Poco después de la disolución de la URSS en 1991, surgió la lucha por el poder entre las fuerzas conservadoras y reformistas. El presidente Borís Yeltsin, elegido en junio de 1991 por sufragio popular, recibió poderes absolutos otorgados por el Congreso de Diputados, uno de los dos cuerpos legislativos que estableció la Constitución soviética de 1978. Seguir leyendo

Circular de viaje 8: «Los Mártires de la Persecución en la Unión Soviética» (1917-1989).

«El martirio, por el cual el discípulo llega a hacerse semejante al Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, asemejándose a El en el derramamiento de la sangre, es considerado por la Iglesia como un don preciosísimo y la prueba suprema del amor. Si ese don se concede a pocos, conviene, sin embargo, que todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia» (Lumen gentium, 42). Seguir leyendo