En la mística ciudad de Asís, se encuentra la pequeña, hermosa y sugestiva iglesita de San Damián, cuyo origen se remonta a los siglos VII y VIII. En 1207 San Francisco, siguiendo el pedido de Jesucristo que le habló desde el Crucifijo bizantino -llamado de San Damián por encontrarse allí- inició la reparación de la misma con sus propias manos. Seguir leyendo
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Nuestra Fe
Nada más grande que Jesucristo
“Nada más grande que Jesucristo”
Cfr. Antonio Piolante, I Sacramenti (Roma 1959) 516.
1. Nada hay más grande en todo el universo que Jesucristo
La Encarnación tuvo como escenario un planeta pequeño, perdido entre millones de estrellas y miles de galaxias, pero, este planeta, por la encarnación, es el centro real del universo. La historia humana es como un drama, que no obstante la multiplicidad de hechos y de personajes, desenvuelve una sola idea: la salvación en Cristo, el Salvador. Seguir leyendo
Ars participandi
Ars participandi
Complementa este pequeño trabajo ‘Ars participandi’, otro anterior sobre el ‘Ars celebrandi’.
La columna vertebral de estas páginas están en el capítulo 5: ‘Naturaleza de la vida religiosa’, de donde, principalmente, provienen los temas mayores para poder arribar a lo que queremos sea una buena base para la posible participación religiosa en la Santa Misa. La participación en la Misa es el tema central de este libro y se encuentra en los capítulos 9 y en el 10. Este último se aplica, especialmente, a los miembros de la familia religiosa del Verbo encarnado.
Es un trabajo que presentamos en borrador, porque faltan algunos capítulos y, sobre todo, faltan los destinados a la participación de los laicos y de los seminaristas mayores.
Pongo el fruto para los lectores de este libro, a quien le pedí ayuda en todo su recorrido, San Juan Pablo Magno.
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Su resurrección
- Jesucristo vivo
Estamos ya en la cuarta parte de los Ejercicios Espirituales, la Cuarta Semana, como la llama San Ignacio. Es la semana en la cual el ejercitante medita, contempla, los misterios gloriosos de Nuestro Señor. Y podemos decir, muy simplemente, que el corazón del misterio, de los misterios gloriosos de Nuestro Señor, es el hecho, la realidad del acontecimiento de que Jesús vive. Seguir leyendo
