Hoy día es muy común maquillar la realidad usando eufemismos, palabras que suenan bien pretendiendo ocultar la triste realidad, pero que indican una realidad muy cruel, por ejemplo, ‘interrupción del embarazo’ para no decir aborto, ‘trabajadoras sexuales’ para no decir prostitutas. Pero, ‘aunque la mona se vista de seda, mona se queda’, la gravedad del aborto o de la prostitución no logra disfrazarse con palabras más suaves. Seguir leyendo
Algún lector desprevenido se asombrará del título de este artículo, ya que evocará en su espíritu una célebre película italiana de hace algunas décadas. Puede ser que, incluso, el asombro aumente al considerar que el latrocinio no se refiere a bienes materiales, como las bicicletas, sino a bienes espirituales, como las vocaciones. Aún más puede crecer la sorpresa si uno cae en la cuenta de que se trata de vocaciones a la vida consagrada, o sea, de dones sobrenaturales como son las vocaciones sacerdotales, diaconales, religiosas, misioneras o a la secularidad consagrada.
Dobbiamo imparare a difenderci dai sofismi, che sono delle argomentazioni apparenti con le quale si vuole difendere ciò che è falso (dal lat. sophisma, e questa dal greco sóphisma). Seguir leyendo
Recordaba Juan Pablo II[1] los dos componentes de la santidad de Dios (en hebreo ‘qadosh’, en griego ‘hagíos’), que se encuentran, por ejemplo, en la Santa Misa: «el “fascinosum” y el “tremendum”; lo fascinante (o sea, lo sumamente atractivo, lo que atrae irresistiblemente) y lo tremendo o terrible que suscita la santidad (que aleja, separa e indica la inaccesibilidad). Seguir leyendo