La misericordia de Dios es infinita

A Santo Tomás, Apóstol, poner su dedo en las manos del Señor, y poner su mano en el costado del Señor le hace penetrar de una manera del todo singular en el misterio del Verbo Encarnado. Este gesto lo lleva a exclamar Señor mío y Dios mío (Jn 20,28), es decir reconoce al Señor como el Mesías esperado y como Luz que es, y por tanto, es uno de aquellos hombres que a través de los siglos, como tantos otros, puso en práctica lo que enseña el salmo Cantaré eternamente las misericordias de Dios (Sal 89,1) Seguir leyendo

El reinado de Cristo

Cristo Rey

Veamos entonces como el augusto misterio de la encarnación debe iluminar e influir sobre la realidad temporal.

  1. La Cristiandad

La correcta inteligencia del misterio adorable de la Encarnación del Verbo es también la clave de bóveda para entender y construir todo el orden temporal humano, su cultura y su civilización. Confesar la auténtica e íntegra condición humana de Jesús, asumida por el Verbo eterno de Dios, permite «recuperar la dimensión de lo divino en toda realidad terrena»[1]. Como recuerda Juan Pablo II, al asumir Cristo en su humanidad todo lo auténticamente humano, «ninguna actividad humana es extraña al Evangelio»[2]. Por eso es ineludible el llamado a someter para nuestro Señor todo lo humano Seguir leyendo

«Como el Padre me envió, así os envió yo»

Queremos referirnos a esta clara palabra del Señor que trae el evangelista San Juan: Sicut misit me Pater, et ego mitto vos (Jn 20,21).

1º El concepto de envío o misión (missio) incluye dos cosas:

  1. a) una, es la relación del enviado a quien lo envía, lo cual manifiesta que el enviado procede, de alguna manera, de quien lo envía;
  2. b) otra, es la relación del enviado con el término de su envío o misión. Es enviado para que comience a estar allí donde se lo envía.

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Realidad de la Encarnación

Realidad de la Encarnación.

El hecho de la Encarnación del Verbo se conoce por la revelación de Dios y reconocerlo es una gracia de Dios: «no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt 16,17). «El misterio primero y fundamental de Jesucristo, [es] el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios»[1]. Y «Dios no estuvo nunca tan cerca del hombre Seguir leyendo

Página oficial del Padre Carlos Buela, IVE