Enseña San Juan de Ávila, en un sermón de primera Misa,[1] respecto al sacerdocio de ley natural, que no hubo ninguna nación que no tuviese algún género de sacerdocio, y pone dos ejemplos: el de Melquisedec[2] y el de los sacerdotes egipcios.[3] Seguir leyendo
«Me gastaré y me desgastaré»
«Me gastaré y me desgastaré» (2Cor 12, 15)
El sacerdote tiene dos oficios principales: El primero es la gloria de Dios; el segundo es el bien de los hombres y mujeres y del bien más grande que es la salvación de sus almas, como dice San Pedro: para que logréis la meta de vuestra fe, la salvación de las almas (1Pe 1, 9), conquistando los corazones de los hombres y de las mujeres para Dios. Seguir leyendo
Ecumenismo
«Que todos sean uno» (Jn 17, 21).
Estamos reunidos para rezar a Dios nuestro Señor, teniendo como base el Bautismo común, la fe en la Santísima Trinidad y en Nuestro Señor Jesucristo. Justamente es la fe en la promesa-profecía del Señor: habrá un solo rebaño y un solo pastor (Jn 10, 16) lo que alimenta nuestra tarea ecuménica, al igual que la oración del Señor: que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti (Jn 17, 21). Seguir leyendo
Profetas inermes
Los sacerdotes somos profetas inermes, es decir, estamos sin armas, estamos desarmados. Así nos envió Jesucristo a predicar el Evangelio a todo el mundo, como dice hermosamente San Vicente Ferrer: «Les marcó el movimiento del sol, que sale e ilumina, calienta y hace fructificar por todo el mundo, y no se detiene nunca en un lugar» Seguir leyendo